El primer café 3

03/31/2017

 

“Boca que acaba de ser asaltada

demanda del chico que sé le robó

un par de besos en un descuido

y aún no sabe por qué…”

Historias Mínimas LPF.

 

El café se llamaba Contraste, quedaba en el centro la ciudad, entre el primer piso y el sótano –sí, un raro intermedio- del histórico Hotel Continental de la Avenida Jiménez. Era la primera vez que iba, invitada por una amiga que me había hablado maravillas del café que allí vendían, traído de Viotá, un municipio al sur de Bogotá que ha sufrido los embates de la violencia como pocos y que ahora produce cafés realmente especiales. Era martes y había llovido todo el día en Bogotá, aunque por aquella época decir que llovía en la capital era redundancia, famosas lluvias capitalinas. Como decía, había llovido todo el día y a eso de las cinco, tras un intenso día de exámenes universitarios fuimos a Contraste a probar el famoso café. El local no era muy grande y eso lo hacía más acogedor, cuatro mesitas bien juntas que permitían, según mi amiga, la comunión entre los clientes que, sin conocerse, lograban fácilmente entablar conversación. Pero esa tarde estábamos solas, al rato llegó un grupo de tres jóvenes que se ubicó en la esquina contraria y no permanecieron allí por mucho tiempo, bebieron sus cafés, pagaron y se fueron. Conversamos sobre los exámenes del día, poco y sin ganas, hablamos de su antiguo exnovio que había vuelto al país hace unas semanas después de más de tres años por fuera y con quién la relación iba entre amarga y dulce –como el café que nos tomábamos, pensé-. Así transcurrió el final de aquella tarde, acabamos el café, agradecimos a Manuel, dueño del sitio, pagamos y nos fuimos. Salimos por la Avenida Jiménez, compramos cigarrillos y emprendimos camino hacia el oriente para tomar luego la carrera 5ta hacia el norte rumbo a la Calle 19, allí tenía cada una su parada de bus, ya no llovía más en la ciudad. Las calles encharcadas y el humo de los cigarrillos mezclado con el de los carros enmarcaron el resto del camino, que hicimos en silencio. Su parada estaba antes que la mía, la acompañé a coger su bus, nos despedimos y seguí subiendo por la Calle 19. Para quien no conoce Bogotá, hay que decir que el transporte público en esa esquina de la Calle 19 con carrera 3ra a la hora en la que se acaba la tarde y se prende la noche, es completamente caótica. Allí estaba yo en mi paradero, cuando un joven desconocido se me acerca por la espalda, me besa en la boca, me sonríe y en menos de un segundo ya estaba montado en un bus en movimiento, no me dio tiempo de nada, ni de reclamarle, ni de putearlo, ni de devolverle el beso, nada. Reaccioné un par de segundos después y apenas alcancé a descubrir su silueta a través de las empañadas ventanas del colectivo, me pareció reconocer a uno de esos tres jóvenes que más temprano había estado en el café. Sorprendida, no me incomodó el hecho de ser besada por un desconocido en la mitad de la calle, me incomodó más el hecho de no saber de quien se trataba, que se hubiese escapado sin decir una palabra. En ese momento pasó mi bus. Subí y extrañamente encontré un puesto libre. Me senté, saqué mi teléfono y le escribí a mi amiga: me encantó el café, tenemos que volver mañana.

 

(Todos los derechos reservados)

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

 
Please reload

ENTRADAS RELACIONADAS

  • Black Facebook Icon
  • Black Instagram Icon
  • Icono negro TripAdvisor
  • Black Twitter Icon
  • Black YouTube Icon

Don't miss a cup

This site is property of Travesía, a brand of Camino de Café S.A.S.

CONTACT US